
por Sirce Giraldo
La cara de desilusión de la mujer al salir del lugar se hace más evidente cuando el sol le golpea la cara; toma el brazo de la que parece ser su hermana y se van. Adentro el hombre se recuesta en su asiento detrás del escritorio y se rasca la cabeza mientras se fija en algunos papeles.
Esta es solo unas de las escenas que enfrentan los funcionarios de la morgue en Palmira, un lugar frío en el que el olor a muerto llega hasta la recepción haciéndose incomodo respirar.
A la izquierda sobre la pared vieja, hay una cartelera completamente tapizada por hojas con anuncios como: desaparecido, desaparecida, y fotos de rostros femeninos, masculinos, jóvenes, algunos viejos y otros de niños. Algunos avisos se apoyan sobre otros ya amarillos con letras borrosas y el espacio es cada vez más insuficiente en la cartelera.
El número de desaparecidos se ha incrementado en los últimos tiempos y Palmira no es la excepción, cada vez más es común ver avisos con fotos de mujeres y hombres desaparecidos. Esto sucede particularmente en la galería Las Delicias de la ciudad. Allí el pesado trafico, el ajetreo con frutas y verduras y los gritos de los vendedores y cargueros hacen pasar desapercibidos la cantidad de anuncios que ha cada esquina exhiben la foto de algún hombre o mujer al que su familia esperar ver de nuevo.
Pero más allá de estar en la posición de ser alguien a quien se le ha perdido un familiar, esta el de las personas que se han perdido y no encuentran sus familias, el de aquellos que viven con la incertidumbre de si aún los buscan o ya los consideran muertos.
Luz Marina Rengifo es una de esas pocas personas que cuentan con la suerte de ser acogida por una familia que no es la suya. Sentada en la banca de un parque y con la mirada perdida como si esperara algo no menciona palabra, solo se agarra el saco gris que le han prestado y le queda grande. Ella mira confundida y distraídamente a los que se le acercan pero luego sigue ensimismada en sus pensamientos.

“Hace siete meses llegó por aquí, nosotros la cuidamos mientras aparece su familia, pero como no tenemos mucha plata no hemos podido ayudarle para que los encuentre; ella no más repite algunas cosas y nombres como Sebastián, cauca y a veces Siloé, también Maximiliano Hoyos, su esposo y Elvia, Patricia, Gilberto y Elvira que parece que son sus hijos.
A mi me da pesar porque está muy viejita y la familia la debe estar buscando, pero como le dije no tenemos plata así que es difícil tratar de encontrarlos” explica dona Rosa Lozano quien ha cuidado durante estos meses de la anciana de 70 años que sufre demencia senil.
Doña Luz Marina espera que la encuentren y muchas familias esperan encontrar sus seres queridos, aunque luego terminen resignándose a que no aparecerán o los encuentren donde no querían.
Palmira es un lugar en el que el alto grado de criminalidad produce años de incertidumbre entre las familias con desaparecidos.
Algunas veces estos mismos deciden irse y que no los encuentren, otras se pierden y no saben como regresar y en la mayoría de los casos terminan victimas de la violencia.
Todo esto son sucesos a los que los entes gubernamentales parecen no prestar atención. La ausencia de muchas personas se convierte en el sufrimiento de sus familias, pero ante esto nadie parece tener interés, nadie reacciona y menos se pone en el lugar de los familiares o de los que como doña Luz marina no esta en las condiciones de buscar ayuda por sus propios medios, no todos tienen la suerte de encontrar una familia que los adopte porque si hubieran sido distintas las condiciones ella seguramente estaría en un ancianato con mucho menos esperanzas de que la encontraran.
Esta es solo unas de las escenas que enfrentan los funcionarios de la morgue en Palmira, un lugar frío en el que el olor a muerto llega hasta la recepción haciéndose incomodo respirar.
A la izquierda sobre la pared vieja, hay una cartelera completamente tapizada por hojas con anuncios como: desaparecido, desaparecida, y fotos de rostros femeninos, masculinos, jóvenes, algunos viejos y otros de niños. Algunos avisos se apoyan sobre otros ya amarillos con letras borrosas y el espacio es cada vez más insuficiente en la cartelera.
El número de desaparecidos se ha incrementado en los últimos tiempos y Palmira no es la excepción, cada vez más es común ver avisos con fotos de mujeres y hombres desaparecidos. Esto sucede particularmente en la galería Las Delicias de la ciudad. Allí el pesado trafico, el ajetreo con frutas y verduras y los gritos de los vendedores y cargueros hacen pasar desapercibidos la cantidad de anuncios que ha cada esquina exhiben la foto de algún hombre o mujer al que su familia esperar ver de nuevo.
Pero más allá de estar en la posición de ser alguien a quien se le ha perdido un familiar, esta el de las personas que se han perdido y no encuentran sus familias, el de aquellos que viven con la incertidumbre de si aún los buscan o ya los consideran muertos.
Luz Marina Rengifo es una de esas pocas personas que cuentan con la suerte de ser acogida por una familia que no es la suya. Sentada en la banca de un parque y con la mirada perdida como si esperara algo no menciona palabra, solo se agarra el saco gris que le han prestado y le queda grande. Ella mira confundida y distraídamente a los que se le acercan pero luego sigue ensimismada en sus pensamientos.

“Hace siete meses llegó por aquí, nosotros la cuidamos mientras aparece su familia, pero como no tenemos mucha plata no hemos podido ayudarle para que los encuentre; ella no más repite algunas cosas y nombres como Sebastián, cauca y a veces Siloé, también Maximiliano Hoyos, su esposo y Elvia, Patricia, Gilberto y Elvira que parece que son sus hijos.
A mi me da pesar porque está muy viejita y la familia la debe estar buscando, pero como le dije no tenemos plata así que es difícil tratar de encontrarlos” explica dona Rosa Lozano quien ha cuidado durante estos meses de la anciana de 70 años que sufre demencia senil.
Doña Luz Marina espera que la encuentren y muchas familias esperan encontrar sus seres queridos, aunque luego terminen resignándose a que no aparecerán o los encuentren donde no querían.
Palmira es un lugar en el que el alto grado de criminalidad produce años de incertidumbre entre las familias con desaparecidos.
Algunas veces estos mismos deciden irse y que no los encuentren, otras se pierden y no saben como regresar y en la mayoría de los casos terminan victimas de la violencia.
Todo esto son sucesos a los que los entes gubernamentales parecen no prestar atención. La ausencia de muchas personas se convierte en el sufrimiento de sus familias, pero ante esto nadie parece tener interés, nadie reacciona y menos se pone en el lugar de los familiares o de los que como doña Luz marina no esta en las condiciones de buscar ayuda por sus propios medios, no todos tienen la suerte de encontrar una familia que los adopte porque si hubieran sido distintas las condiciones ella seguramente estaría en un ancianato con mucho menos esperanzas de que la encontraran.
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