
Por Yizeth Bonilla
En Guacarí ya el sol se iba apagando en una tarde de sábado en septiembre del 83. Sobeida Vélez estaba en su casa sentada escuchando la radio mientras trabajaba en la máquina de coser, haciendo un vestido que le habían encargado. Era la hora de las noticias.
- //Un bus de Expreso Palmira que cubría la ruta Cali- Popayán quedó envuelto en llamas al chocar contra un árbol. El aparatoso accidente ocurrió ésta tarde en las afueras de Santander de Quilichao y dejó como saldo un muerto.//-
Sobeida se santiguó. En ese momento pensó en que su hija debía venir en camino desde Cali, donde realizaba sus estudios universitarios. -Mi Dios la guarde- pensó.
Nubia Loaiza había salido de su casa al medio día con unos pocos pesos, que le alcanzarían para el pasaje a Popayán. Desde hacía mucho tiempo no hacía viajes largos, como acostumbraba en su juventud cuando se marchaba sin avisar a nadie; pasaban años sin que se tuviesen noticias suyas y empezó a llegar con un hijo de cada uno de esos viajes. Pero el tiempo había hecho sedentaria a Nubia, ésta vez
se ausentaba del pueblo para llevarle ropa a Eblin Orlanda, la única mujer entre sus cinco hijos.
Eblin había desaparecido una semana atrás. La jóven de 16 años, estudiante de la Normal de Guacarí, había escuchado en la radio acerca del temblor en Popayán. Entre las víctimas nombraron a una tía suya. Eblin no conocía a su papá y en su adolescencia se encaprichó con encontrarlo; averiguó su nombre, datos de su familia y la cuidad donde vivía. La noticia de la tía muerta le sirvió de ayuda para localizarlo. Se escapó de su casa, viajó hasta Popayán y efectivamente lo encontró. En su hogar reinó la zozobra hasta el viernes, cuando llamó para avisarle a su mamá donde se encontraba y pedirle que le llevara ropa.
Nubia no sabía que sentimiento era más fuerte en su corazón en aquel momento, el alivio por encontrar a su hija o la rabia por la osadía que ésta había cometido, sin embargo, empacó en una maletica la ropa y le dijo a doña Alejandrina, su mamá, que regresaría al día siguiente.
Aquel domingo pasó. Doña Alejandrina se paró muy tarde del andén de su casa, donde aguardaba la llegada de Nubia mientras charlaba con las vecinas y se fumaba unos puchos.
-Seguro le cogió la tarde por allá y se quedó a dormir… es que en las que la pone esa muchachita. Jajaja… Pero ahí tiene pa´ que se joda como yo me jodí con ella- comentó la viejita con una de sus hijas.- Pero mañana le toca madrugar pa´ venirse porque tiene que trabajar-
En la mañana de lunes no llegó a la casa, ni en la tarde, ni en la noche. Doña Alejandrina llamó a su nieto Gustavo, el hijo mayor de Nubia, que vivía en Palmira. Él no tenía noticias de su mamá. Al día siguiente tampoco se sabía el porqué de su demora en regresar. Llamaron a Eblin Orlanda.
-¿Cómo así?, ¡¡Pero si mi mamá no ha venido acá!! Yo no sé nada de ella.
Tal respuesta dejó más intranquila a la familia. Por un momento pensaron en que posiblemente Nubia se había ido a buscar nuevos horizontes otra vez. ¿Pero cómo, si tenía un compromiso de trabajo? Los patrones de la casa donde Nubia trabajaba como empleada doméstica tampoco sabían nada de su paradero y se unieron a la búsqueda. Gustavo visitó Expreso Palmira, donde no le dieron ningún tipo de información respecto al bus que abordó su mamá y mucho menos acerca de ella.
Buscaron en anfiteatros, en hospitales, en el diario El País… en toda parte, pero nada, nadie les daba razón.
Doña Alejandrina estaba sentada en el andén llena de angustia, fumando más y más puchos mientras miraba hacía la calle que bajaba de la galería, donde arribaban los buses al pueblo. Los familiares y las amigas fueron llegando, entre ellas Sobeida, quién era su vecina de enfrente.
Misia Sobe, cuando se enteró de todo, recordó la noticia del accidente del expreso Palmira que escuchó por radio. Con un nudo en la garganta comento esto con los Loaiza. Gustavo siguió buscando a su mamá por todas partes, pero tan sólo el jueves decidió ir nuevamente a la empresa de transportes, esta vez preguntando por el bus accidentado.
"Pero fijáte como habían negado, no, vé. Gustavo volvió para allá y ya entonces si le dijeron la verdad, que se había accidentado un bus y una persona había muerto incinerada y la tenían allá en Santander como N.N."

Lo que quedó de la mujer trigueña, alta y robusta de 42 años, de la que sólo se salvaron las posaderas de ser carbonizadas, estuvo en la Morgue de Santander de Quilichao hasta el martes. Cuando Gustavo y un hijo de Sobeida fueron a buscar “el cuerpo” ya éste había sido enterrado en el cementerio como N.N.
"Lo único que habían dejado era una cadenita que tenía ella, esa se la había regalado la hermana y no se quemó, y los dientes también. El hijo era tan curioso que un día que ella se estaba cepillando arrimó y le miró la caja de dientes, entonces cuando la vio allá la reconoció, esa era la de la mamá, por eso la desenterraron… porque ella quedó irreconocible".
Nubia fue la única víctima mortal de aquel accidente. Al parecer, se encontraba en uno de los puestos delanteros y el impacto del choque pudo ocasionarle un golpe que la dejó inconsciente. Nadie la ayudó a salir del bus. Por otra parte, ella acostumbraba a dormir mientras viajaba.
"Les dieron la orden y se las entregaron sellada, tan sólo la pudieron ver allá Gustavo y Alex, mi hijo. La trajeron a Guacarí y la enterraron, pero como misia Alejandrina no la vio, y de todas maneras madre es madre, siempre, por muchos años, hasta que se murió, la esperaba. Todas las tardes se encuclillaba en el andén a mirar pa´ donde llegaban los buses, esperando a Nubia. Ella decía que esa no era su hija y que como Nubia siempre fue andariega de seguro se había ido a andar el mundo y volvía".
- //Un bus de Expreso Palmira que cubría la ruta Cali- Popayán quedó envuelto en llamas al chocar contra un árbol. El aparatoso accidente ocurrió ésta tarde en las afueras de Santander de Quilichao y dejó como saldo un muerto.//-
Sobeida se santiguó. En ese momento pensó en que su hija debía venir en camino desde Cali, donde realizaba sus estudios universitarios. -Mi Dios la guarde- pensó.
Nubia Loaiza había salido de su casa al medio día con unos pocos pesos, que le alcanzarían para el pasaje a Popayán. Desde hacía mucho tiempo no hacía viajes largos, como acostumbraba en su juventud cuando se marchaba sin avisar a nadie; pasaban años sin que se tuviesen noticias suyas y empezó a llegar con un hijo de cada uno de esos viajes. Pero el tiempo había hecho sedentaria a Nubia, ésta vez
se ausentaba del pueblo para llevarle ropa a Eblin Orlanda, la única mujer entre sus cinco hijos.
Eblin había desaparecido una semana atrás. La jóven de 16 años, estudiante de la Normal de Guacarí, había escuchado en la radio acerca del temblor en Popayán. Entre las víctimas nombraron a una tía suya. Eblin no conocía a su papá y en su adolescencia se encaprichó con encontrarlo; averiguó su nombre, datos de su familia y la cuidad donde vivía. La noticia de la tía muerta le sirvió de ayuda para localizarlo. Se escapó de su casa, viajó hasta Popayán y efectivamente lo encontró. En su hogar reinó la zozobra hasta el viernes, cuando llamó para avisarle a su mamá donde se encontraba y pedirle que le llevara ropa.
Nubia no sabía que sentimiento era más fuerte en su corazón en aquel momento, el alivio por encontrar a su hija o la rabia por la osadía que ésta había cometido, sin embargo, empacó en una maletica la ropa y le dijo a doña Alejandrina, su mamá, que regresaría al día siguiente.
Aquel domingo pasó. Doña Alejandrina se paró muy tarde del andén de su casa, donde aguardaba la llegada de Nubia mientras charlaba con las vecinas y se fumaba unos puchos.
-Seguro le cogió la tarde por allá y se quedó a dormir… es que en las que la pone esa muchachita. Jajaja… Pero ahí tiene pa´ que se joda como yo me jodí con ella- comentó la viejita con una de sus hijas.- Pero mañana le toca madrugar pa´ venirse porque tiene que trabajar-
En la mañana de lunes no llegó a la casa, ni en la tarde, ni en la noche. Doña Alejandrina llamó a su nieto Gustavo, el hijo mayor de Nubia, que vivía en Palmira. Él no tenía noticias de su mamá. Al día siguiente tampoco se sabía el porqué de su demora en regresar. Llamaron a Eblin Orlanda.
-¿Cómo así?, ¡¡Pero si mi mamá no ha venido acá!! Yo no sé nada de ella.
Tal respuesta dejó más intranquila a la familia. Por un momento pensaron en que posiblemente Nubia se había ido a buscar nuevos horizontes otra vez. ¿Pero cómo, si tenía un compromiso de trabajo? Los patrones de la casa donde Nubia trabajaba como empleada doméstica tampoco sabían nada de su paradero y se unieron a la búsqueda. Gustavo visitó Expreso Palmira, donde no le dieron ningún tipo de información respecto al bus que abordó su mamá y mucho menos acerca de ella.
Buscaron en anfiteatros, en hospitales, en el diario El País… en toda parte, pero nada, nadie les daba razón.
Doña Alejandrina estaba sentada en el andén llena de angustia, fumando más y más puchos mientras miraba hacía la calle que bajaba de la galería, donde arribaban los buses al pueblo. Los familiares y las amigas fueron llegando, entre ellas Sobeida, quién era su vecina de enfrente.
Misia Sobe, cuando se enteró de todo, recordó la noticia del accidente del expreso Palmira que escuchó por radio. Con un nudo en la garganta comento esto con los Loaiza. Gustavo siguió buscando a su mamá por todas partes, pero tan sólo el jueves decidió ir nuevamente a la empresa de transportes, esta vez preguntando por el bus accidentado.
"Pero fijáte como habían negado, no, vé. Gustavo volvió para allá y ya entonces si le dijeron la verdad, que se había accidentado un bus y una persona había muerto incinerada y la tenían allá en Santander como N.N."
Lo que quedó de la mujer trigueña, alta y robusta de 42 años, de la que sólo se salvaron las posaderas de ser carbonizadas, estuvo en la Morgue de Santander de Quilichao hasta el martes. Cuando Gustavo y un hijo de Sobeida fueron a buscar “el cuerpo” ya éste había sido enterrado en el cementerio como N.N.
"Lo único que habían dejado era una cadenita que tenía ella, esa se la había regalado la hermana y no se quemó, y los dientes también. El hijo era tan curioso que un día que ella se estaba cepillando arrimó y le miró la caja de dientes, entonces cuando la vio allá la reconoció, esa era la de la mamá, por eso la desenterraron… porque ella quedó irreconocible".
Nubia fue la única víctima mortal de aquel accidente. Al parecer, se encontraba en uno de los puestos delanteros y el impacto del choque pudo ocasionarle un golpe que la dejó inconsciente. Nadie la ayudó a salir del bus. Por otra parte, ella acostumbraba a dormir mientras viajaba.
"Les dieron la orden y se las entregaron sellada, tan sólo la pudieron ver allá Gustavo y Alex, mi hijo. La trajeron a Guacarí y la enterraron, pero como misia Alejandrina no la vio, y de todas maneras madre es madre, siempre, por muchos años, hasta que se murió, la esperaba. Todas las tardes se encuclillaba en el andén a mirar pa´ donde llegaban los buses, esperando a Nubia. Ella decía que esa no era su hija y que como Nubia siempre fue andariega de seguro se había ido a andar el mundo y volvía".
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